Feb 16

El nombre de las ideas

Hoy en la Historia

Tomado de Ecured

Guantánamo:

  • En 1927 el once de los Diablos Rojos, de Almeida, derrota en el terreno de Gonzalo Pérez al equipo Carta-Copa. El resultado fue de cuatro goles a uno.

Colaboración Enmanuel Adrian

Por Javier Gómez / La Pupila Insomne


En estos tiempos se dicen con frecuencia frases que hablan de “personas” e “ideas”, pero pretendiendo separarlas: “Las ideas se rebaten con ideas”, “No se debe atacar a las personas, sino a las ideas”, incluso se llega a decir que no se debe “Desacreditar a las personas…”

Es una extraña combinación de defensa a “personas” o “individuos”, pero paradójicamente buscando con insistencia la despersonalización. Las frases que se repiten parecieran tener el aire noble del pensamiento acertado y se emiten envolviéndolas con el manto valioso de la ética.

Incluso puede parecer un hábil razonamiento para no otorgar “publicidad” en la red, pues es en la red que se ha decidido que existamos, en un debate personal de vanguardia, porque a las páginas de la prensa nacional realmente no vale la pena ensuciarlas con ciertos nombres.

¿Qué se esconde entonces detrás de la introducción de una matriz de opinión como esta? ¿De su repetición intencionada, o como simple reflejo?

La despersonalización de las ideas ha sido una de las estrategias más introducidas y cultivadas por la neocontrarrevolución ante su enfrentamiento político.

La conveniente creación de un “anonimato” les permite retirarse a una “zona de refugio” cada vez que las ideas que impulsan reciben algún descrédito. La retirada es facilitada por un sector intelectual “de izquierda” que asume posturas en su defensa a favor de la “libertad de pensamiento”, y por supuesto el juego de “ideas y personas”.

Más vale entonces la publicidad que desenmascara, que el silencio y la omisión que favoreciendo los resguarde.

Las fuerzas revolucionarias deben tener todo el dominio filosófico, psicológico, estratégico y especialmente histórico cada vez que se presente esta situación.

El dilema entre lo ideológico y lo personal no es nuevo en la historia revolucionaria cubana. Entender la evolución de las condiciones en cada etapa de nuestra nación, evita que nos pretendan pasar gato por liebre, presentándonos referentes útiles al enemigo.

Martí no personalizaba en su lucha, que más que contra España fue contra anexionistas y autonomistas, porque vivía en otros tiempos, en tiempos en los que la revolución luchaba por la independencia, y aún no por la creación y defensa de un sistema social.

En todo el siglo XIX cubano los independentistas fomentaban ideas contra “el poder de España”, pero no tenía valor para ellos atacar la imagen de la regente Isabel II o Alfonso XII, lo que sí era importante para anexionistas y autonomistas. Para los que buscaban la completa independencia, la condición de Cuba estaba representada en una mentalidad social y no en el Capitán General que la gobernaba. La idea colonizadora no tenía nombre.

Pero en lo interno y más crítico de la lucha, más que las ideas sobre todo las intenciones sediciosas, sí comenzaron a tener nombres: Salvador Cisneros Betancourt, Manuel de Quesada, Miguel Aldama. Aquellos enemigos a los que Carlos Manuel de Céspedes no dejó de legarle a la Historia sus nombres y su carácter en el Diario Perdido.

Ninguna escuela, hospital o academia militar hoy lleva esos nombres.

Ya impuesta la República a medias, nunca dejó Juan Gualberto Gómez de denunciar a Tomás Estrada Palma al luchar contra la Enmienda Platt.

Rubén Martínez Villena denunció con su nombre a Erasmo Regüeiferos, ministro de Alfredo Zayas, y la proclama de la Protesta fue firmada también con el nombre de cada uno de los que la apoyaban. La lista, casi sin excepción, adelantaba la valía que los 13 jóvenes le darían al pensamiento y a las letras cubanas. La actitud transparente entonces, acompañó a la mayoría el resto de sus vidas.

Pablo de la Torriente denunció las miserias de clase de José Pepín Rivero, heredero y dueño del Diario de la Marina, periódico que en cada etapa fue la voz de la contrarrevolución en Cuba y que ante la lucha de los revolucionarios contra el machadato sangriento, emitió sobre ellos el lacrimoso editorial Paz a los hombres: “Señor, no te pedimos venganza (…) A los tercos, convéncelos; a los réprobos, mejóralos; a los equivocados, enséñales; a los secos de alma y duros de corazón, suavízalos”

A lo que Pablo le contestó en el periódico Ahora describiéndolo: “Con todo el cuerpo estremecido de histerismos menopáusicos, como un profeta bíblico de alguna opereta rechiflada” y le advertía: “Si yo te cogiera vivo, te amarraría al final de un fotingo desvencijado y te haría trotar en calzoncillos…”

Incluso un individuo cínico, populista y corrupto como Grau, mostró que tenía conciencia del carácter personal de las acciones a Batista, el asesino de Guiteras y aliado del embajador Caffery. Este último expuesto también por Pablo, advirtiendo que era igual que su antecesor Sumner Welles: “Es como uno de esos perros de presa, criados para que no dañen, pero que no pueden dejar de mostrar sus instintos. Si hay ancestro (…) viene de Nerón mismo”.

Cuentan que cuando Fulgencio Batista le llevó la sentencia de muerte para los sublevados del ABC en el castillo de Atarés, Grau San Martín se negó a firmarla. Batista, insatisfecho, lo instó con un subterfugio para lograr que pusiera su nombre: —“Presidente, en definitiva es la ley la que mata”. Grau le respondió: —“No, si yo no firmo ese papel, no hay sentencia. Por lo tanto, soy yo el que mata”.

Eduardo Chibás denunció al Ministro de Educación José Manuel Alemán hasta su último aldabonazo radial.

Fidel Castro no dudó en escribir sobre la violencia mafiosa que azotaba al país: “Las pistolas que matan, las paga Prío. Las maquinas en que se mata, las paga Prío. Los hombres que matan, los sostiene Prío”.

Para igualar la corrupción de auténticos y batistianos, preguntaba a los lectores: “¿Qué diferencia hay entre José Manuel Alemán, creador del BAGA y un Anselmo Alliegro, socio de Alemán y creador del inciso K? ¿Qué diferencia hay entre un Ricardo Artigas y un García Pedroso, entre un Eduardo Suárez Rivas y un Alfredo Jacomino, entre un Orlando Puente y un Andrés Morales del Castillo, entre un Nicolás Castellanos y un Justo Luis del Pozo?”

El título mismo de su artículo denunciando las mentiras del coronel Alberto del Río Chaviano, fue precisamente “Mientes, Chaviano”.

Cuánto había cambiado la lucha por la Patria para entonces. Cuánta Historia había pasado, de la que somos hijos y debemos aprender.

Puede haber hombres huérfanos de ideas, pero no hay ideas huérfanas de hombres. Ni de mujeres. Tras las ideas, tras las matrices, se ocultan proyectos, tras los proyectos hay personas, en las personas hay miserias, tras esas miserias está el dinero, y tras el dinero está el peor de los papeles que puede tener un cubano: el de servil y mercenario ante el imperialismo.

Cualquier otra cosa que se pretenda presentar, es espejismo.

Una vez un revolucionario entregó algo que había escrito. Un compañero cauteloso le dijo que si iba a publicar algo tan fuerte que al menos firmara con un seudónimo. El autor, al que no se le daba escribir como a los otros, que no era periodista ni intelectual, le respondió:

—“Para denunciar a Batista, tengo mi nombre y mi apellido: Camilo Cienfuegos”.

Definitivamente, lo suyo era personal.

[ Fuente del artículo ]

 

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