Una respuesta para La Joven Cuba

Hoy en la Historia

  • En 1846 nació Fernando Figueredo Socarrás, militar, político y escritor cubano.
  • En 1910 nació Jacques Lucien Monod, científico francés, Premio Nobel de Medicina y Fisiología en 1965.
  • En 1940 se inauguró en La Habana la Asamblea constituyente que promulgó la Constitución de 1940.
  • En 1972 falleció Doris Torreola, dirigente independentista puertoriqueña.
  • En 1994 falleció en Medellín, el cantante cubano Orlando Contreras.

Tomado de Ecured

Guantánamo:

  • En 1929 el equipo Fe efectúa un juego de béisbol con el equipo norteamericano Evans de la base naval. Los norteamericanos ganaron el juego.

Colaboración de Enmanuel Adrian

Hola:-)

Hace unas cuantas semanas que los blogs de la familia Desde Guantánamo (FB-DG) no funcionaban bien, por eso no pudimos hacer unas varias publicaciones que hoy están pendientes; pero mantenemos los compromisos en pie. Uno de esos compromisos radica en establecer un círculo de estudio sobre marxismo-leninismo, gracias al entusiasmo provocado por esos amigos que se hacen a distancia con las TIC. Al tratar de arreglar la situación, tuvimos frecuentes intercambios con los administradores de la Plataforma Reflejos y fue fructífero, lo digo, sinceramente. Así que el agradecimiento de la UIC en Guantánamo para ellos.

Hoy redifundimos una contundente respuesta que ha golpeado la sarta de agresiones contra la Revolución —llamo la atención a no confundir agresiones con debate—, elucubradas desde el blog en Internet La Joven Cuba (LJC). Creo que es importante que muchos cubanos sin acceso a ese ámbito digital, sepan cómo se desarrollan batallas de ideas entre cubanos. No hay que olvidar —prohibido olvidar— que el enemigo tiene gente en todas partes. Al igual que en abril del 61, hoy se disfrazan de fuerzas revolucionarias para poder pasar desapercibidos; pero ayer como hoy y siempre, serán vencidos por verdaderos combatientes.

El artículo ha sido tomado de una trinchera de ideas: La Pupila Insomne, un referente para la FB-DG.

Saludos;-)

Por Javier Gómez / La Pupila Insomne


A partir de la insistencia mostrada por los miembros de LJC a través de mensajes de facebook y SMS primero, y luego con el post El pretexto de la censura, no queda más remedio que emitir algunos esclarecimientos tanto al texto Las páginas de la Revolución, como a la evolución del carácter de LJC que lo ocasionó.

Para ello es necesario explicar las situaciones que fueron llevándome cada vez más a un distanciamiento político, ideológico, ético y por lo tanto revolucionario respecto a LJC.

Javier Gómez.La Habana, Cuba. 1983

Licenciado en Medios de Comunicación Audiovisual. FAMCA. Durante varios años ha escrito sobre temas de política, economía y otras problemáticas sociales de la actualidad cubana. Sintiendo la necesidad de promover una imagen más real sobre Cuba en Internet, creó en el año 2011 el blog cultural sopadecabilla.com. Desde entonces colabora con diversos proyectos de comunicación con la convicción de que es posible una sociedad más próspera, sostenible y democrática en su país. Sus textos son publicados en diversas páginas web que comparten la defensa del ideal socialista dentro y fuera de Cuba.

Goza, padece y escribe en La Habana.

Piensa visitar algún día la Ciudad del Guaso.

javiergosanchez09@gmail.com

Cada lunes he escrito en su página, cada inicio de semana miles de lectores han leído ahí mis textos.

Todas las veces que he sido censurado en LJC, su editor Harold Cárdenas me ha llamado para comunicármelo, todas las veces que ha deseado eliminar un párrafo completo o una línea, incluso una palabra, he recibido antes una llamada suya que se inicia invariablemente con una frase: “El texto está muy fuerte”.

Igualmente todas las veces que uno de mis textos ha sufrido algún tipo de modificación con la intención de “suavizarlo” o llevarlo a lo que eufemísticamente se llama “la posición de LJC”, este igualmente ha tenido el delicado gesto de comunicármelo.

He tenido incontables discusiones por esta situación. Según Harold Cárdenas, “los miembros de este proyecto colectivo se han editado unos a otros los textos buscando segundas opiniones y que estos sean lo más completos (sic) posible. Hasta hoy nunca había sido un problema.”

Llega el momento de aclarar algo fundamental: No existe colectivamente una “línea de LJC”. Solo la mentalidad y los intereses personales de Harold Cárdenas.

Actualmente el único que puede escribir libre de tener que lidiar con eso es Osmany Sánchez Roque —ya que Roberto Peralo no publica hace mucho—, quién es una persona que siempre se me ha manifestado como íntegra en su ética personal y revolucionaria. Al ser fundador de LJC, publica sus textos directamente sin tener que pasarlos por Harold.

Ante la publicación de Los periodistas imprescindibles de Harold Cárdenas, un texto que se limitaba a continuar con la letanía de “periodistas independientes vs periodistas estatales-oficialistas”, consideré que debía plantearse el verdadero dilema que considero que es: “periodismo revolucionario cual sea vs periodismo contrarrevolucionario ídem” Para eso escribí Las páginas de la revolución y lo envié a Harold.

Las paginas de la revolución resultó ser la gota que desbordó la copa dentro de una larga historia.

A las 09:54 am del jueves 2 de febrero, día que me encontraba de descanso, sonó mi celular. Más o menos ocurrió el siguiente diálogo:

–Harold (a quemarropa): El texto esta duro como quiera que se ponga.

Parece que le había dado más vueltas que a un cubo de Rubik, pero no había podido llevarlo hasta “la línea de LJC”

–Yo (algo soñoliento): ¿Por qué, que pasa?

–Harold: Le hice una versión y te la mande a tu correo, revísala para ver si estás de acuerdo.

Definitivamente Harold es un tipo delicado…

Voy a la PC, y aún medio dormido espero a la conexión, la desesperante lentitud de abrir el Gmail, y finalmente descargar la versión propuesta.

Al leerla me desperté completamente: “!Pero que coj…!”

Uno de los párrafos fundamentales del texto había sido modificado radicalmente y lo que yo había escrito como:

No fueron con este texto los “oficialistas intolerantes”, no fueron los “inmovilistas retrógrados”, fueron nada menos que algunos de los “independientes”. Tal vez se habían acostumbrado a escuchar en la blogósfera, espacio digital del universo comunicacional que no por su independencia carece de responsabilidad y visión política, siempre las palabras más cómodas

Se había convertido en:

No fueron contra este texto los “oficialistas intolerantes” ni los “inmovilistas retrógrados”, sino algunos de los “independientes”. Tal vez acostumbrados a escuchar palabras más cómodas. Hubiera sido buen momento para mostrar hacia otros la tolerancia y el respeto que demandan para sí mismos. El nivel de acercamiento o no a la Revolución y la institucionalidad del país, puede verse en las reacciones de la gente.

El próximo párrafo había sido arrancado de cuajo:

Pensaban que habían cimentado un mullido lugar donde reposar mientras arremetían contra la institucionalidad, no con la crítica sino con la mañosa y mala intención. Mientras tiraban la piedra y escondían la mano una y otra vez. Mientras cada vez que alguien los señalaba, se vendían como víctimas. El ciclo se repetía siempre, porque el dedo que los señalaba, que tiraba de la manta bajo la que se mueven los dólares que financian los “proyectos”, la voz que se levantaba, siempre estaba sola, era distinta cada vez, pero siempre solitaria. Y así, a fuerza de venderse como mártires, se pensaron héroes. Héroes del “periodismo independiente”.

Otro párrafo fue a conveniencia mutilado. Yo lo escribí:

Segundo, que tras cuatro páginas impresas en blanco y negro o tras un blog de palo sostenido con mucho esfuerzo puede haber más dignidad que tras la espléndida página web de algún proyecto lustrado con fondos extranjeros, becas generosas, publicidad camufladora o sospechosos crowdfunding1.

En la versión haroldiana decía:

Segundo, que tras cuatro páginas impresas en blanco y negro o tras un blog de palo sostenido con mucho esfuerzo puede haber más dignidad que tras la espléndida página web de algún proyecto lustrado con fondos cuestionables.

El subrayado anterior es mío. Además se habían eliminado varias menciones a “la Revolución”, incluso cuando la mencioné igualándola a la defensa en Cuba del “ideal socialista”.

La eliminación de la frase “Los zorros cambian el pelaje” no me la explico.

También la eliminación a la mención directa del término “contrarrevolucionario”. Recordemos que una de las directrices del centrismo —para ir entrando en materia, vaya— junto a la tergiversación del término de “revolucionario”, es la disolución del concepto ¨contrarrevolucionario¨. Para poderse disfrazar del primero, es importante desaparecer de las mentes la idea del segundo.

De la misma forma nunca ligar las palabras “Revolución y Socialismo”, introducir la idea de que en Cuba es posible la existencia de un supuesto socialismo sin la Revolución Cubana. Como antes se ideó que podía haber Revolución sin Fidel. El arte del centrismo consiste en inventar una receta de arroz con pollo… sin pollo.
Pero me estoy adelantando.

Marqué el número de Harold en el teléfono y un nuevo diálogo ocurrió:

–Yo: ¡Oye, eso no fue lo que yo quise decir!

–Harold: ¡Sí, pero esto no se trata de tu opinión, sino de la opinión de LJC!

Aclaro que en decenas de post en que he hecho críticas, desde la sinceridad, desde la pertenencia y la insatisfacción revolucionarias, a veces acertado, a veces injusto, a veces indignado, a veces excesivo, a veces incluso ignorante, pero siempre honesto y convencido sobre cosas que considero mal en el funcionamiento del Estado y sus instituciones.

Críticas a las autoridades, al Gobierno, a la CTC, a la UJC, a la Aduana, al IACC, a los medios de comunicaciones estatales, a quien sea en el Estado cubano. Hasta si se me hubiera ocurrido escribir burlándome de la Empresa de Servicios Necrológicos. Este diálogo nunca hubiera ocurrido.

Solo se ha repetido invariablemente en las otras decenas de veces que he escrito atacando a la contrarrevolución.

Porque claro, con la contrarrevolución hay que ser diplomático, con la contrarrevolución hay que ser tolerante, a la contrarrevolución no se le puede censurar —en la mentalidad centrista escribir una réplica es “censurar”—, al Estado, a las organizaciones políticas del gobierno cubano sí, pero a los proyectos financiados por los EEUU, no. A esos ni con el pétalo de una flor. Bienvenido a la “línea de LJC”.

Como si ellos fueran los que mantienen el policlínico adónde va mi esposa, o el círculo infantil donde dejaré a mi hija.

Como si cuidaran el Panteón de las FAR donde descansa mi padre.

O para mencionarlos hay que hacer una cantidad tremenda de vericuetos literarios, pero parece que esta vez no hice los suficientes. Lo confieso, cuando tengo que buscar variantes a la sinceridad, llega el momento en que los recursos se me agotan, las parábolas se agotan, las metáforas se agotan, hasta las hipérboles se agotan.

Y así continuó el diálogo:

–Yo (haciendo acopio de paciencia): ¿…?

–Harold: ¡¿Qué, cuál es el problema?!…!Que si sale: “Que tras la espléndida página web de algún proyecto lustrado con fondos extranjeros, becas generosas, publicidad camufladora o sospechosos crowdfunding”, entonces Cuba Posible, Elaine Diaz con Periodismo de Barrio, On Cuba, etc., se van a dar cuenta de que están hablando de ellos!

–Yo (Exaltado): ¡¡¡¿Qué importa que se den cuenta si precisamente de eso se trata esto?!!!

–Harold: (Irritado): Bueno mira, si tu no aceptas lo publicamos así, pero aquí siempre nos hemos editado y tú eres el único que da problemas con eso, vaya, fíjate, si tu insistes lo publicamos así, pero tú eres el único que se pone con obstáculos…

Aquí debo hacer un alto en el diálogo para aclarar de donde salen las palabras: “Tú eres el único que da problemas, tú eres el único que pone obstáculos”.

Flash back. Matanzas, Cuba. 2012

A LJC, un blog creado por tres jóvenes universitarios y del que yo era un simple lector, se le cierra la posibilidad de conexión desde la Universidad de Matanzas.

Corte a: Santo Domingo, República Dominicana. Desde mi blog cultural Sopa de Cabilla, dedicado por iniciativa a sanear la imagen de Cuba en Internet, hago una excepción y publico un post político titulado En solidaridad con LJC. Hasta ese momento solo dos páginas casi al mismo tiempo habían reflejado el hecho: Cubainformacion y Vicente Feliú.

Recibí en el buzón de comentarios un agradecimiento de Harold Cárdenas Lema, que aún no tenía la trayectoria que tiene hoy, y en aquel entonces con más ganas de viajar fuera de Cuba que un adolescente por perder la virginidad. Nunca pensé que llegaría a tener sentimientos de amistad hacia él ni que iba a estar escribiendo esto hoy.

Le propuse hacerle una entrevista escrita, hablando de los problemas de la juventud en Cuba, etc. Quedó de lo más bien en mi blog.

La vida dio muchas vueltas y regresé a Cuba. Durante dos años estuve aclimatando el chip a la vida nacional. Tuve que dejar de bloguear porque creo que cuando aquello no había ni Nauta o empezaba.

Para ese entonces Harold se había mudado a La Habana, un día nos encontramos en la calle y conversamos un rato. Pasó un tiempo más y lo llamé. Era ya el 2016. Un año muy complejo para Cuba y especialmente para las fuerzas revolucionarias. Había ocurrido la visita de Obama con las obligaciones incómodas de la diplomacia, la conciencia del puñal que significaba el cambio de estrategia, la cumbre de la OEA, etc. En la calle comenzaron a aparecer banderas norteamericanas por todas partes. Todo eso nos había sumido en una sensación de “moco caído” pero de irritación al mismo tiempo… Creo que todos los que nos sentíamos patriotas y revolucionarios teníamos la misma sensación.

Entonces me acerqué a LJC, había llovido mucho desde el 2012 y había ya bastantes visas en el pasaporte, pero veía en ella ciertos valores: Era un medio de divulgación independiente, lo que le daba libertad, creía yo. Tenían la moral de hacerlo gratuitamente. Era un proyecto grupal, lo que consideraba como su mayor cualidad y fortaleza. Hacían crítica revolucionaria, pero defendían el proyecto de la Revolución. Tenía posibilidades de organización y de participación que eran importantes en el escenario mediático-político 2.0 que se estaba organizando. En fin podía ser una fuerza de choque frente a la neo contrarrevolución.

Así envié mi primer texto con regularidad: Derechos patrios. Haciendo una defensa de la existencia de derechos humanos y libertades en Cuba además de salud y educación, haciendo énfasis en la necesidad de consolidar otros a pesar de las complejas situaciones que vive Cuba.

Me involucré con LJC hasta ser considerado un miembro más en su organización. Comencé a impulsar algunas ideas: Emitir un boletín quincenal para lectores sin Internet, enviar trabajos a Granma y Juventud Rebeldsugiriendo su publicación, elaborar un documento con nuestros planteamientos a la Conceptualización. Todas fueron aceptadas, todo parecía ir bien.

Hasta que empezaron los problemas.

Publiqué un post titulado La distante letanía, donde le decía a la comunidad cubana en el exterior, especialmente a la de Miami que constantemente pedía mayor participación en Cuba para los cubanos emigrados, que el principal lugar para participar si se tiene buenas intenciones era precisamente en Cuba, en los mecanismos que existen y que son perfectibles. Siempre que fuera una participación dentro del socialismo. Los insultos llovieron.

Ahí vino el primer toque. Harold, que acababa de regresar de ahí mismo: “No debemos estar molestando a la gente de Miami” Le respondí, algo desconcertado pero buscándole una lógica: “Sí, no vale la pena, tenemos otros problemas aquí”

Luego se desató el choque con Cuba Posible, varios revolucionarios en la red comenzaron a denunciar ese proyecto.

Confieso que aunque no conocía a ninguno y no eran gente simpática, ni cool, me percaté de que tenían la razón. Comencé a intentar que LJC se pronunciara, tomara partido, que nuestro deber como revolucionarios era no dejar solos a los que estaban tratando de desenmascarar el fenómeno del centrismo.

Negación rotunda de Harold. Esto provocó un cisma de criterios dentro de LJC, pues Osmany Sánchez, sí estaba de acuerdo con denunciar a Cuba Posible, aunque reticente a mencionarlos para no darles “publicidad”. Fueron largas y acaloradas discusiones. Pero Harold se impuso, la única manera de hacerlo hubiese sido por encima de su cadáver.

En aquel entonces le dije: ¡Qué gran oportunidad perdió LJC de definirse como revolucionaria! Nunca imaginé hasta qué punto serian premonitorias esas palabras.

Aun así, escribí un texto titulado Descalificar vs Debatir, donde respondía a la descalificación del debate que hizo Cuba Posible frente a la Conceptualización. Como usaba recursos lo suficientemente indirectos, fue publicado.

Un par de días después Harold me dijo alarmado: ¡¡Tremendo lío se me formó por lo que escribiste!! . Yo pensé: Je, se dieron cuenta que era con ellos.

Pero no, resulta que casi al mismo tiempo salió otro texto mío titulado De medios a medias sobre la visión de los medios de comunicación en la Conceptualización. Yo había escrito: “Las fuerzas progresistas —léase revolucionarias—, están en desventaja respecto al terreno ganado por los medios contrarrevolucionarios, enajenantes o cultivadores del centrismo”.

El solo uso, una vez, de centrismo en un texto de 1197 palabras provocó que Harold recibiera un correo electrónico, que me mostró, de uno de los indignados organizadores de Cuba Posible, donde le advertía que ese era un concepto inventado y acuñado por “gente de la peor calaña” y que la cómo LJC se hacía eco de eso…

Luego de una discusión, donde Harold me decía que LJC no estaba para confrontarse, en la que yo le cuestionaba entonces para qué estábamos, si el primer deber de un revolucionario es enfrentar a la contrarrevolución. El sigue respondiendo a eso hasta hoy: Para eso están otros. Llévatelo a otra parte.

Desde ese entonces está prohibida la palabra “centrismo” en un texto de LJC.

Hubo un episodio excepcional en esta historia, fue el que dio origen al texto de autoría “conjunta” titulado Una respuesta necesaria (Para responder a Fernando Ravsberg). Confieso que no conocía ni a Ravsberg ni a Iroel y en LJC siempre se había presentado el caso como una mera ojeriza personal sin darle más valor político.

Hasta que conocí a los dos, a Ravsberg invitado a almorzar a su casa junto a una decena de personas, ante una mesa espléndida de vino y salchichas, donde confieso, me serví tres veces. Rasvberg estaba sentado del otro lado de la mesa, que tenía apenas un metro y medio de ancho, pero yo me sentía a un kilómetro de distancia. A Iroel, por insistencia mía a Harold para escuchar las dos campanas, en un bar y con un par de cervezas de las más baratas. Uno no tiene que coincidir en la forma, pero sí en la esencia, y cierto olfato le permite a uno reconocer a los de su bando, o al menos a los que no lo son. Me habían pintado a Iroel como un ogro, un miura político, con el que sería muy difícil dialogar y lo que veo llegar es a un tipo medio descojonado convaleciente de una operación. Empezamos a hablar los tres, Harold, Iroel y yo. Estábamos molestos porque Iroel había tomado fragmentos del muro de Facebook de Harold y lo había publicado en La Pupila Insomne.

No hay manera de saber lo que hay en lo más profundo de la mente de una persona, pero ese día noté algo, un detalle mínimo, casi subjetivo: Ravsberg no te toca cuando habla. Iroel sí.

Es muy difícil que alguien que no es sincero en lo que te dice, haga contacto físico contigo.

La conversación devino un debate intenso sobre la evolución política en Cuba, el choque entre fuerzas, el fenómeno del centrismo. Defendí a Harold por los motivos por lo que lo volvería a hacer, o al menos tratar de entenderlo y que los demás lo entiendan. Entenderlo todo es perdonarlo todo, dijo un griego. La conversación a tres voces fue una sacudida para Harold, que le movió la fibra de revolucionario que queda en él.

Por casualidad de la vida, leí muy poco después un texto de Fernando Ravsberg, donde introducía una punta de lanza tergiversando el concepto de “revolucionario”, presentando que hoy los verdaderos revolucionarios en Cuba no estaban en las instituciones, ni en el Gobierno, sino en los cuentapropistas, en los periodistas independientes —ya sabemos cuáles—, en el que lo mismo desempolvaba el Quinquenio Gris que manipulaba un discurso de José Martí. La intención de apropiación del término de revolucionario se veía venir.

Le escribí un email agradeciéndole el almuerzo pero que sentía la necesidad de responderle y lo hice escribiendo Una respuesta necesaria (Para responder a Fernando Ravsberg). Lo envié a Harold, que como todavía estaba bajo el electrochock del encuentro con Iroel, no solo accedió a publicarlo, sino que me pidió firmarlo junto conmigo. Le dije que si el hacía suyo lo que decía ahí, perfecto, pero sin cambiarle ni una palabra. Tragó en seco y accedió. Su firma apareció también en el texto.

Ravsberg solo dijo que nuestra reacción había sido desmedida. No sé si pensando que los cubanos nos llegamos o nos pasamos. Pero lo cierto es que ocurrieron dos cosas: No volvió a jugar con lo de “revolucionario” y nunca más volvió a publicar un texto mío.

Entonces escribí Hurto y sacrificio de palabras mayores, si en el anterior solo se respondía a las ideas párrafo por párrafo, este era una consolidación de que había un intento de usurpar el concepto de revolucionario. Un contraataque que lo señalara más claramente.

Pero Harold se negó esta vez a publicarlo. “Yo no quiero seguir con eso”. Le dije que cómo iba a ser, que ya había salido el primer texto con su firma también, que este era precisamente la consolidación como respuesta política… Pero que va, la mula no caminó. Simplemente se le había pasado el efecto.

Se me ocurrió enviar Hurto y sacrificio de palabras mayores a La Pupila Insomne, y ahí apareció. Luego fue seguido de Para entender el centrismo, que por supuesto ni se me ocurrió proponer Harold. Lo absurdo de la esfera digital hizo que por yo publicar en LJC y en La Pupila al mismo tiempo, los comentaristas me llamaran Dr. Jekyll yMr.Hyde.

El tiempo siguió transcurriendo y Harold no se percataba del cambio que iba dando su propio retrato de Dorian Gray.

Pasó un águila por el mar y luego un huracán por Guantánamo, el Mathew. Llamé rápidamente a Harold y le planteé la idea de que LJC fuera a la zona de desastre a recoger escombros, o ayudar en lo que fuera, al menos una semana que yo podía pedir permiso en mi trabajo, insertarnos idealmente en alguna iniciativa organizada, tal vez con la FEU o con la UJC, era una quimera por el ya enorme deterioro de las relaciones entre Harold y esas organizaciones. Pero nada se perdía con intentar. Incluso ir por nuestra cuenta. Como no somos artistas profesionales, descartamos las brigadas artísticas que siempre acuden ante esos eventos ya que pensábamos erróneamente que se limitaban a las actuaciones artísticas.

Harold se informó de la situación en Baracoa, del estado de emergencia, de las limitaciones de acceso a la zona y decidimos desistir de la idea.

Pero en ese momento Periodismo de Barrio hace su apuesta de ganar o ganar, de ir como sea a Baracoa, y no para hacer trabajo voluntario recogiendo escombros, sino para ir a reportar de manera “independiente” lo que ahí ocurría. Organizaron una campaña y posiblemente el crowdfunding más rápido que se haya hecho en Cuba, que es muchísimo decir pues es casi imposible hacerlo desde aquí. La intención de aprovechar políticamente el desastre natural fue respondida por varias publicaciones revolucionarias, incluido el periódico Granma.

Dije que LJC tenía que unirse a la respuesta. Fue la discusión más grande con Harold, donde quedaron definidas muchas cosas, y se aceleró el deterioro de mi permanencia en LJC. Ahí me dejó claro que LJC solo aceptaría de mi textos que no fueran “de confrontación”, que todo lo que fuera de ese tipo, se lo enviara “a Iroel o a alguien por el estilo”.

Lo increíble es que en vez de aparecer una reacción en LJC sobre las intenciones de Periodismo de Barrio, lo que comenzó a salir, incluso no ya como una forma personal sino firmado como “LJC”, fue una serie de cuestionamientos lagrimosos a que si el Estado estaba excluyendo al pueblo que quería ayudar a los afectados. Se refería a que las ayudas y labores estaban siendo realizadas y canalizadas por las FAR, los CDR, Defensa Civil y otros organismos e instituciones. Eso, con el show guantanamero de Periodismo de Barrio andando.

En un debate en Facebook a partir de uno de los susodichos post, donde varias personas reaccionaron indignadas ante el disparate, superé mi aversión a comentar en FB y me uní a ellos. Pregunté lacónicamente: ¿Acaso el pueblo organizado deja de ser el pueblo?

El lagrimeo se detuvo. No sé si antes había ocurrido que un miembro de LJC comentara en FB en contra de un post de la propia LJC. Tal vez algunos se hayan sorprendido. Incluso alguien hasta me escribió cuestionador.

Comencé a platearme mi separación cada vez más próxima de LJC, pues era evidente que mi presencia estaba resultando cada vez más indigesta. Pero la seguía considerando un buen medio para hacer divulgación de algunas ideas.

Era una lástima desaprovecharlo, además posee un tipo de lector al que es importante llegar. Decidí continuar publicando ahí al menos un tiempo más.

Pero tomándole la palabra a Harold, todos los textos “confrontacionales”, o sea incompatibles con su agenda personal de “la línea de LJC”, los comencé a enviar a la Pupila Insomne. Así aparecieron en esa página en vez de en LJC, textos como Para entender el centrismo y ¿Que buscar fuera de Cuba?, este último ya de ruptura con LJC.

Ahí cuestionaba el carácter verdaderamente revolucionario de los viajes a eventos organizados en el extranjero para visibilizar, organizar y apoyar los proyectos “independientes” . La idea, interesante sin dudas pero con un límite racional, de que si no hay presencia de nadie revolucionario en un evento sobre Cuba, se verterán sobre ella los peores criterios sin que haya otra voz, a la larga se ha convertido en prestigiar y otorgar consistencia a eventos organizados para el beneficio de la contrarrevolución. La degeneración de una idea se había ligado al confort de los eventos y el turismo político, el típico fasteo cubano, siempre a países del primer mundo.

Como dije en ese texto, no hay que ser un experto en semiótica para comprender las intenciones de un evento como Connecting Cuba, cuyo logo es la boina con estrella del Che sin rostro, desvaneciéndose con la pregunta What next?

Pero volvamos a la actualidad y a la llamada por teléfono hace unos días donde discutíamos sobre Las Palabras de la Revolución. La cuestión era entonces no publicarlo, o permitir que saliera peor de como salió.

Pensé en decirle “No publiques ni p…” pero luego me dije que entonces las dos tesis que yo planteaba en el texto no saldrían, y que al final eso era lo más importante:

  1. No existe la cuestión periodismo oficial vs periodismo independiente. Lo que existe es la cuestión periodistas revolucionarios vs periodistas contrarrevolucionarios donde quiera que escriban.
  2. Solo habrá una defensa plena de la Revolución y del proyecto socialista en Cuba, cuando su Dirección comprenda que tiene muchas reservas políticas en los medios independientes revolucionarios.

Entonces en aras de un objetivo superior. Le dije a Harold, que prefería que el texto apareciera mutilado que modificado, así que en vez de cambiar a su estilo el párrafo que le molestaba, que lo quitara. Se dio por satisfecho y así se publicó.

La alarma que le provocó la posibilidad que un puñado de cojedólares “independientes”, se dieran cuenta que la cosa era con ellos, no le permitió ver su propia foto dentro del texto. Pasó por alto un párrafo que puse ahí con toda la intención de retratar lo que Harold Cárdenas ha llevado a ser a LJC:

Y para aquel al que le quede alguna duda, no es periodismo revolucionario el que no se confronta, el que no ataca, el que no desenmascara, el que no llama por su nombre, el que omite, el que teme a que no le den like en su Facebook, a que no lo inviten. El que se deja llevar o fomenta los lamentos por una manoseada libertad de expresión, de clamor doliente ante una intolerancia que permita a victimarios pasar por víctimas, los que se suman al lagrimeo y vestiduras rasgadas por los convenientemente censurados, el que ayuda a esconder la mano hoy a los que lanzarán de nuevo la piedra mañana.

En este tiempo de smartphnes, ya pocos recuerdan a las Polaroid.

El texto de Harold Cárdenas Los periodistas imprescindibles, donde hablaba de los periodistas de medios estatales, no cumplió su objetivo, para eso debió ser seguido por otro ya preparado donde hablaría de los independientes, ambos textos le permitirían mantener la equidistancia ambigua que siempre ha cultivado. Flotar en el centro de una laguna política. Pero al ver la inesperada respuesta de los “independientes” más reaccionarios, el segundo quedó inédito. Solavaya.

Pero no estaba tan mal la cosa, vaya, ahora al menos tendría de seguro el favor de los “oficialistas”…

Cualquiera calcula mal el diámetro de un tibor.

Los periodistas de medios estatales no se sintieron ni remotamente defendidos, al contrario, muchos respondieron igualmente molestos.

Aparecieron textos sobre Harold, sobre El Toque, —donde el escribe posts siempre positivos sobre Cuba, pero eso es igual que tener un programa de cocina en Tele Martí—, le sacaron sus viajes invitado a los eventos, le cuestionaron que si era de izquierda o de derecha, en fin. La cosa se puso mala por los dos lados.

Le dije entonces como se le dice a quién recoge lo que siembra, pero con una frase simple y coloquial: “Te has acercado demasiado a la mierda como para que no se te pegue el olor”.

Entonces buscó el habitual refugio psicológico, la fantasía de que todo es una campaña contra él, la convicción delirante que todo es generado por manos tenebrosas en el Buró Político de la UJC, por mentes perversas en el Comité Central, en la casa de Iroel, por gentes que se reúnen para conspirar contra él.

Una conjura donde todo es fabricado, todo lo que se dice es un invento, absolutamente todo. Una conspiración, eso…una difamación.

Lo hacen porque no tienen argumentos. ¿Ustedes no se habían dado cuenta antes? Claro, es por eso que lo hacen.

Durante todo este tiempo, sostuve una rama de olivo, una mano amiga revolucionaria dispuesta a ayudarlo si quería cambiar su rumbo. A eso no se responde con nada escrito, se responde con la actitud futura, hay toda una vida para borrar todo eso, le expresé.

Le dije también a Osmany que a Harold hay rescatarlo mientras sea posible, pero solo si él estaba dispuesto a ser rescatado. Para entonces, una tras otra se habían caído y marchitado las hojas en la rama.

Hasta que en los últimos días le dije: “Estoy contigo si quieres rectificar el camino”. A lo que me respondió lapidario: “No voy a cambiar nada”.

Sentí lástima mientras vi caer, la última hoja de olivo.

Aun así somos jóvenes, hay un horizonte y muchas cosas por delante en un país que está cambiando, La Revolución vivirá tiempos más difíciles en el futuro, dónde todos los que sentimos por ella nos probaremos. Mi deseo es que ese día pueda decirse de Harold el verso: Si alguien roba comida y después da la vida ¿Qué hacer?

Oportunidades no le faltarán.

Viviré con la esperanza sostenida, por pura fe en el alma humana, de cambiar la imagen que me quedó de él cuando nos vimos por última vez, en su casa, cuando sentencié con amargura:

–”Harold, LJC se ha convertido en el lugar más a la izquierda del centro”.

Esa tarde, después de 7 años de bloguear, de miles de post publicados, Harold Cárdenas me miró un instante con una expresión en su rostro que aún intento descifrar, hasta que dijo:

–”¿Tú crees?

 


Notas de los editores:

  1. En términos generales, el micromecenazgo consiste en la difusión pública, por parte de la persona que busca financiación, de la causa o negocio por el que brega, y la financiación mancomunada por parte de prestamistas independientes que simplemente simpatizan con la causa, o persiguen un crédito ofrecido por el prestatario. Dado que gran parte del éxito de esta forma de financiación descansa en la publicidad que se da al proyecto, las plataformas de financiación colectiva más importantes en la actualidad tienen soporte en Internet, por su alcance multitudinario y su bajo costo comparativo. Ver todo el concepto en Wikipedia.

 

Share

Deja un comentario

Your email address will not be published.